El cristal se mantiene completamente transparente, pero en su interior alberga filas uniformes y perfectamente alineadas de burbujas (una cuadrícula o patrón tridimensional). Ofrece una sensación profunda de simetría y orden óptico.
Es un proceso puramente mecánico y artesanal. El cristal fundido se presiona fuertemente dentro de un molde metálico que tiene pinchos o puntas
talladas en relieve. Estas puntas dejan pequeños hoyos en el vidrio. Inmediatamente después, esa pieza se sumerge en una nueva capa de cristal líquido. Al cubrir la pieza, el aire atrapado en los hoyos no puede escapar y queda sellado como una burbuja perfecta. El proceso se puede repetir varias veces para crear múltiples capas de burbujas simétricas.
Se popularizó con fuerza en la década de 1930 gracias al maestro Archimede Seguso.